-Pobres bastardos -comentó Alec, tomando su menú.
Clary cogió también el suyo, y se quedó mirando atónita. Saltamontes con miel figuraba como un plato especial, junto a platos de carne cruda, peces crudos enteros y algo llamado sándwich caliente de murciélago. Una página de la sección de bebidas estaba dedicada a las diferentes clases de sangre del barril de que dosponían; con gran alivio por parte de Clary, eran diferentes clases de sangre animal, en lugar de tipo A, tipo O, o tipo B negativo.
-¿Quién se come un pescado entero crudo? -preguntó en voz alta.
-Los kelpies -dijo Alec-. Los selkies. Tal vez alguna ondina de tanto en tanto
-No te pidas de la comida de las hadas -indicó Jace, mirándola por encima del menú-. Tiende a enloquecer un poco a lo humanos. Te comes una ciruela de hada y al poco rato estás corriedo desnudo por la avenida Madison con una cornamenta en la cabeza. No es que eso -se apresuró a añadir- me haya sucedido nunca a mí.







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